El niño con el pijama de rayas
John Boyne
Traducción: Gemma Rovira Ortega
224 pp
Ediciones Salamandra
Argumento:
Según los editores no se debe decir para no estropear la lectura, pero yo voy a contarlo, así que si no quieren seguir leyendo a tiempo están... (no voy a dar datos, pero qué más da, cualquier persona medianamente inteligente ya se puede imaginar el tema)
Bruno es el hijo de un militar que es trasladado a un nuevo destino. Al principio no le gusta nada el lugar, una tierra fea y árida, donde no hay otros niños para jugar; desde su ventana ve que hay montones de personas detrás de una alambrada, vestidos todos ellos con pijama de rayas. Un día conoce junto a la alambrada a un niño de su misma edad con el que entabla amistad.
Comentario:
Lo primero que sorprende de este libro es lo escaso de páginas que es. No solo eso, cuando lo abres, descubres que también el tipo de letra es bastante grande, con lo cual te entra la sospecha, luego confirmada, de estar ante un cuento alargado (lo leí en hora y media).
Otra curiosidad es que pese a estar narrado en tercera persona, parece contado desde la perspectiva de un niño, desde la del protagonista, concretamente. Al leerlo puedes pensar que tal vez le hubiera ido mejor una narración en primera persona, con la visión ingenua del chico, pero pronto te imaginas cuál es el motivo de la decisión del autor. Eso, unido a otras pistas que aparecen ya desde los primeros capítulos hace que el libro no solo sea predecible en su final sino incluso en los pasos que se van a seguir para llegar a tal desenlace, intuido incluso por el lector menos avezado.
Cualquier persona sensible siente interés ante temas como el Holocausto judío, el nazismo, etc; eso juega a favor del autor, que hace que el lector sepa más que su personaje y sea quien adivine todo lo que Bruno no comprende. De todas formas, resulta algo increíble la ignorancia de este muchacho de nueve años, quien sin embargo, se le ve reflexionar con cierta soltura sobre otros temas. Vale que quizás estaba algo aislado e ignorante del mundo, pero incluso un animal detecta por intuición cuando algo no va bien, o el miedo, el terror, la miseria, y trata de huir de ello. Bruno se comporta a veces como si tuviera un CI bajísimo, la verdad. Creo que los adultos tienen a despreciar la capacidad de comprensión de los niños, pero ellos entienden y se enteran de más cosas de las que imaginamos. Por si esto fuera poco, el otro niño, el niño judío con el que entabla amistad, está casi en las mismas. Mantienen unas conversaciones muy forzadas con la intención de que ambos sean ignorantes e inocentes sobre sus propias circunstancias. Pero digo yo que al menos el niño judío estaría más "baqueteado" por la vida y tendría una perspectiva y malicia superiores, aparte de que es de suponer que en el lugar donde estaba oyera rumores o viera las atrocidades que se cometían (es que incluso llega a decir que cierta cuadrilla que se fue a hacer cierto trabajo no volvió y nunca se vio más a ninguno de sus miembros, o que su padre despareció... y no sospecha lo obvio). Solo cabe la posibilidad de que el niño judío actúe quizás con algo de mala fe a raíz de un incidente con el otro, como una especie de venganza... El autor usa a veces el truco de hacer que Bruno solo oiga conversaciones a medias, incluso las peleas familiares. Y justo siempre va a oir la información menos interesante.
También abundan las casualidades como que los dos niños hayan nacido el mismo día, que el niño polaco sea casi de los pocos que saben alemán allí, que haya un sitio en la alambrada con un agujero y que no esté vigilado, que todos puedan pasearse con tanta facilidad por el campo, que justo cuando va a desencadenarse la tragedia a Bruno le rapen la cabeza... Bueno, bueno, si no fuera porque en el fondo esto es un cuento casi infantil, sería increíble e inverosímil. Yo lo veo como una fábula con moraleja, estilo Paulo Coelho, literatura light para no lectores.
La prosa está en consonancia con el resto: es simple y trata de imitar la forma de hablar de los niños. Me ha recordado, salvando las distancias, a "El guardián entre el centeno". Con el objeto de no dar pistas a los lectores, se dan nombres deformados (que el niño no sabe pronunciar, como El Furias, Auchvic, y cosas así); así pues las descripciones son muy breves y escasas. Abundan también frases motes y expresiones infantiles que Bruno aplica a sus "mejores amigos para toda la vida", a su hermana "tonta de remate", etc, etc.
En resumen, me ha parecido un libro corto, soso, que apela a un tema que a nadie deja indiferente (pero que ya está demasiado trillado), muy predecible, una fábula con moraleja sobre los lemas "todos somos iguales, judíos, alemanes... Los niños son inocentes" y "que nunca vuelva a suceder", y con una prosa que imita el lenguaje infantil.
El libro ha estado acompañado de una gran campaña de marketing, a la que han contribuido los editores, al negarse a contar el contenido en la contraportada. Lo cierto es que ya solo viendo el diseño de cubierta y el título, ya se imagina el tema (¿Nos toman por tontos?). Luego lo abres y corroboras, y además, te llevas una cierta decepción, porque el libro se queda a medio camino en sus intenciones. A mí, personalmente no me ha emocionado, quizás porque sabía cuál iba a ser exactamente el final (y no porque me lo hubieran contado). Me ha parecido algo tópico y no solo ingenuo en su narración y estructura, sino incluso también en los propósitos del autor de ir descubriendo poco a poco qué pasaba. Se sabe desde el principio casi, y luego ya no hay efecto sorpresa.
Al ver los libros que están en la lista de ventas una se pregunta si esta es la literatura del futuro: libros simples, facilones y que se olvidan apenas lo dejas. Es la literatura light, que ha llegado para acompañar al cine light, y al resto de cultura light que nos envuelve. Los libros que hay que leer porque todo el mundo los lee, pero que luego te dejan con la sensación de que has tomado agua de lo insípidos que son ("El cuento número trece", "Tierra Firme", "Soria moria", etc, etc). Supongo que la gente tiene poco tiempo para leer y que los jóvenes, según dicen las estadísticas, son incapaces de comprender textos complejos (y a veces también sencillos). Lógicamente no se puede leer si no se entiende lo que dice el texto. Dentro de nada, encuadernarán libros de cincuenta páginas en las que no pasa nada y son supuestamente emocionantes y la gente dirá "¡Ay, qué bueno es, cómo he llorado!" En fin...
A ver cuando sacan Nothomb y Houellebecq algo nuevo, aunque Amelie últimamente también está algo más floja que de costumbre.
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