The Gun Seller, 1996
Editorial: Planeta
Colección: Planeta Internacional
Traducción: Alberto Coscarelli
314 páginas
20 €
Argumento:
Thomas Lang, ex policía y pistoleroa sueldo recibe de un tal McClusky la propuesta de eliminar al empresario Alexander Woolf. Sus principios le impiden aceptar el encargo y, además, le obligan a intentar avisar a la futura víctima, para lo que acude a su casa, donde se encuentra a un tipo que pretende matarle y a una encantadora jovenque resulta ser la hija de Woolf, por la que inmediatamente se siente atraído.
Comentario:
Entre las cosas que se dicen para publicitar esta novela, está la que se incluye en la faja e indica que "Sólo con el cinismo del Dr. House se podría escribir esta novela"… Ejem, pues se escribió en 1996, años antes de que
Hugh Laurie interpretase a
House en TV.
También se habla de parodia de novela negra, y eso puede estar más cerca de la realidad, ya que tiene unas cuantas de las características clásicas de este género.
Entre ellas un protagonista en primera persona que pronto se revela como el clásico perdedor con tendencia a enamorarse de mujeres a las que siente el impulso de proteger, aunque se niegue a reconocerlo, además de ser un idealista que tras la pregunta de uno de los personajes, Alexander Woolf, sobre si se cree un hombre bueno, se pasa el resto de la novela preguntándose si lo es.
La historia no es original pese a algunos giros argumentales más o menos inesperados, y cuando se llevan unos dos tercios de lectura parece decaer en su ritmo, que se vuelve algo lento y confuso antes de remontar.
Sin embargo, engancha, y esto se debe al ritmo que le imprime el autor, la personalidad del protagonista (que parece conocer en profundidad, ver las ocasionales cavilaciones serias de Lang) y el humor irónico, negrísimo y muy británico que impregna cada página, salpicando los diálogos y las reflexiones entre conversaciones para retrasar la revelación de hechos importantes.
Y también a que ha sabido estructurarla recurriendo a los "trucos" clásicos del género de misterio, como empezar la narración en mitad de una acción (Lang está peleando con un tipo) para crear expectativa sobre cómo se ha llegado a ese punto o terminar los capítulos con una revelación o una incógnita.
Se agradece el hábil uso de la elipsis, sobre todo cuando Lang pasa varios meses entrenándose con un grupo de personas, que el autor resuelve en breves páginas certeramente resumidas.
Además del encantador protagonista, hay otros personajes interesantes, entre ellos varias mujeres que no acaban de responder a la descripción de la contraportada que dice: "…dejar su vida (entre otras cosas) en mano de un grupo de
femmes fatales".
Las mujeres son Sarah Woolf, a quien quiere proteger, Ronnie, con quien mantiene una relación cómplice de iguales (ver el ingenioso pasaje en que, previo ensayo, tienden una trampa al ex de ella, Philip), y Latifa, de breve y poco relevante aparición.
También destaca la relación de Lang con David Solomon, un ex compañero de trajazo y buen amigo con quien mantiene conversaciones marcadamente surrealistas, Alexander Woolf con sus preguntas sobre principios y Naihm Murdah (el capítulo en que se conocen, en la mansión del millonario, es muy descriptivo sobre su personalidad y sobre el tipo de humor e ideales del protagonista)
En resumen, una apreciable y más que digna primera novela, rápida, ingeniosa, reflexiva, tierna, humorística…
Publicidad de la novela
Comienzo de "Una Noche de Perros", cuyo primer capítulo se puede leer
aquí:
Imagínate que tienes que romperle el brazo a alguien.
El derecho o el izquierdo, da lo mismo. La cuestión es que tienes que rompérselo, porque si no lo haces... bueno, eso tampoco importa mucho. Digamos que ocurrirán cosas peores si no lo haces.
Mi pregunta es la siguiente: ¿le rompes el brazo de prisa —crac, vaya, lo siento, deje que lo ayude con este cabestrillo de emergencia— o alargas todo el proceso durante sus buenos ocho minutos y vas aumentando la presión poquito a poco, hasta que el dolor se convierte en algo rojo y verde y caliente y frío y, en su conjunto, absolutamente insoportable?
Pues eso. Por supuesto. Lo correcto, la única opción correcta, es acabar cuanto antes. Rompe el brazo, sírvele una copa, sé un buen ciudadano. No hay otra respuesta.
A menos...
A menos, a menos, a menos...
¿Qué pasa si odias al tipo que está al otro extremo del brazo? Me refiero a que lo odias de verdad.
Esto era algo que ahora debía tener en cuenta.
Digo ahora refiriéndome a entonces, al momento que describo; el momento fraccionado, tan condenadamente fraccionado, antes de que mi muñeca toque mi nuca y mi húmero izquierdo se parta al menos en dos —o probablemente más— trozos chapuceramente unidos.
Verás, el brazo en cuestión es el mío. No es un brazo abstracto, un brazo filosófico. El hueso, la piel, el vello, la pequeña cicatriz blanca en el codo, recuerdo de una esquina del radiador de la escuela primaria Gateshill, todo es mío. Ahora es el momento en que debo considerar la posibilidad de que el hombre que está detrás de mí, que me sujeta la muñeca y la sube a lo largo de la columna con un cuidado casi sexual, me odia. Me refiero a que me odia de verdad, y mucho
Está tardando una eternidad.
*** T ***
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