viernes, 16 de febrero de 2007
Editorial: Booket
Colección. Best Seller
224 páginas
6,95 €

Los Crímenes de Oxford, de Guillermo Martínez

Argumento:

Un joven estudiante argentino que ha llegado a Oxford para estudiar se encuentra el cadáver de una anciana a la que conoce acompañado por Seldom, un intelectual experto en matemáticas junto al que comienza a investigar lo sucedido. Poco después se suceden otras muertes, aparentemente naturales, sobre las que pesa la posibilidad de que sean asesinatos.

Comentario:

Mirando por encima la novela, sus poco más de doscientas páginas y el tamaño de la letra parecen augurar una lectura fácil y rápida que luego no lo es tanto.

Escrita en primera persona por un estudiante que cuenta hechos sucedidos años antes, tiene una similitud superficial con "El Nombre de la Rosa" en cuanto a la llegada de un joven a una comunidad cerrada y el encuentro con un hombre mayor con quien establece la clásica relación maestro/discípulo al tiempo que, juntos, investigan una serie de muertes misteriosas, en este caso con un argumento centrado en las matemáticas.

Quizá los personajes no estén demasiado trabajados en cuanto a personalidades, aunque es de resaltar la obsesión recurrente de Seldom a lo largo de todo el texto acerca de las consecuencias de nuestros actos, algo que teme y por lo que se retiró de la vida para refugiarse en el mundo aparentemente inocuo de la lógica.

Aunque las similitudes entre ambas novelas no llegan más lejos, quizá son las continuas alusiones culturales que incluyen desde la navaja de Occam a teoremas de Gödel, la paradoja de Wittgestein o series de figuras para resolver las que dificultan y ralentizan una lectura que comienza casi con demasiada rapidez.

Tras un capítulo en que el protagonista, que no dice cómo se llama, pero da una pista cuando comenta que uno de los personajes dijo mal su nombre porque "le costaba pronunciar la doble ele", en lo que parece sugerir una identificación del autor con el personaje, los siguientes capítulos son casi vertiginosos.

En pocas páginas se descubre el cadáver, se elabora la teoría del crimen como desafío intelectual a Seldom y los dos protagonistas comienzan a especular sobre lo sucedido para después refrenar ese primer entusiasmo incluyendo largas peroratas de Seldom sobre el mundo de las matemáticas que pueden ser difíciles de entender para las personas no iniciadas.

Por otra parte, el informe psiquiátrico que presenta la policía, ese perfil que se puede calificar cuando menos de prematuro, sobre la personalidad del posible asesino, carece de credibilidad, siendo despreciado con mayor o menor sutileza por el propio Seldom.

El autor alterna estas explicaciones con la presentación de personajes, algunos de ellos en un hospital donde Seldom visita a un amigo, cuyo pasado y situación actual relata de forma pormenorizada, donde se incluye la mención de un relato de Dino Buzzati ("Siete pisos") del que se declara protagonista, o el encuentro del estudiante con un hombre que vela a su hija moribunda en espera de un transplante.

Otros personajes, relacionados con las matemáticas, como un ruso que fue estudiante de Seldom y parece guardarle cierto rencor, se suman a la lista de posibles asesinos que el autor va aumentando con acierto, consiguiendo que se especule sobre la posibilidad de que sea uno u otro.

Un pasaje interesante es el relato de un caso de asesinato de lo más rebuscado, sucedido años atrás y, junto al resto de aparentes digresiones, pueden dar la impresión, en la parte central, de que la novela se ha atascado, y cabe preguntarse si tiene que ver con el misterio que se presenta.

En la última parte de la novela los acontecimientos vuelven a cobrar ligereza, dan sensación de movimiento, de que pasa algo, hasta llegar a un final quizá rebuscado sin ser original, en el que lo más satisfactorio es la reflexión sobre cómo se ha llegado ahí, comprobar la forma en que el autor ha sembrado el texto de pistas, incluso ha dado la solución a las muertes, que todo estaba ahí.

Una pequeña dificultad añadida sería el uso de términos y giros seguramente propios de Argentina que pueden sonar "raros" para personas de otros países.

Atención al enigma que Seldom plantea al estudiante al comienzo de la novela, que él resuelve enseguida pero no da la respuesta…


Curiosidades

Hace poco se ha estrenado la película basada en esta novela, dirigida por Álex de la Iglesia y protagonizada por Elijah Wood, John Hurt, y Leonor Watling, que el director comenta en su Blog "Blasfemando en el Vórtice del Universo".


Fotos de la película

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Álex de la Iglesia dirige a John Hurt y Elijah Wood


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Leonor Watling y Elijah Wood


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Hurt, Watling y Wood



Web de 'Los Crímenes de Oxford'



*** T ***


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Reseñado por Thersuva @ 0:00  | Aventura y misterio
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Comentarios
Reseñado por Catafracto
lunes, 26 de mayo de 2008 | 18:37
Pues espero que la película sea mejor que la novela, porque pocas veces he visto un relato de intriga policial tan chapuceramente resuelto. No es sólo que los personajes estén apenas perfilados o que el autor no sea consciente de que el español argentino es sólo una variante local que no tiene por qué ser conocida por los millones de pontenciales lectores a uno y otro lado del océano (un sospechoso, en lugar de echar gasolina al vehículo le mete "nafta", los lápices son "lapiceras" y las minifaldas "polleras" entre otras perlas), sino que el personaje de Seldom NO es un personaje, es un artículo de la Wikipedia en versión matemática. Es un libro de texto, el tío.

Vamos, que se nota que el autor es argentino.No desperdiciéis vuestros euros en esta mediocre novela.
Reseñado por reginairae
martes, 27 de mayo de 2008 | 0:31
Pues lo mismo pensarán los argentinos u otros americanos cuando leen novelas escritas en jerga española de España... ¿no te parece? Un poco menos de etnocentrismo, todas las variantes del castellano son igualmente válidas, y si pedimos un español estándar para todos... habrá que empezar por nosotros mismos. No me parece un criterio lógico criticar un libro por esta razón. Pero bueno, no he leido el libro y no puedo opinar más.
Reseñado por Catafracto
martes, 27 de mayo de 2008 | 11:09
Pues convendría que antes de criticar mi post te leyeses el libro.

Por fortuna, he leído muchas obras de autores latinoamericanos, tanto novela como ensayo, artículos de prensa o blogs, y casi todos procuran emplear un castellano digamos "internacional" a salvo de localismos (siempre se cuela alguno, eso es inevitable) que no chirríen a lectores de otros países.

Si la novela en cuestión estuviese ambientada en Buenos Aires me parecería no sólo lógico, sino absolutamente necesario que los tuviera, y en cantidad. Pero no; este caballero ha escrito una novela ambientada en Oxford, pero lo ha hecho pensando en un público exclusivamente argentino (de hecho, ha sido un gran éxito allí).

Por lo demás, está visto que lo del Premio Planeta, ya sea en España o en Argentina, es un descarado montaje publicitario. Que le hayan dado este premio a esta novela mediocre, pedante y muy mal resuelta es todo un ejemplo de ello.
Reseñado por roberto
lunes, 15 de septiembre de 2008 | 18:12
Lamentable la crítica sobre el uso del lenguaje. Martínez tiene derecho a escribir usando el lenguaje que quiera sin pensar en los potenciales lectores sino sólo en su público que es, como él, argentino. Además términos como bolígrafo o gasolina son de uso corriente en españa pero en otras partes se utilizan otras palabras y no esas.
Reseñado por laqua
miércoles, 29 de julio de 2009 | 4:45
Catrafacto, soy argentina y considero que tu comentario es racista.
Acá en Argentina se publican muchos autores españoles sin "adecuar" el idioma y no por eso los detractamos. Creo que tu comentario sobre la pureza del idioma es nefasto. ¿O es que todo el mundo hispano tiene que entender qué quiere decir "a toda pastilla"? ¿O qué quieren decir ustedes con la expresión "aquí hay tomate" que en Latinoamérica solo te resultaría en miradas jocosas?
Tu comentario es, encima, carente de fundamentos válidos para criticar al libro. Apenas decís algo sobre la trama y la construcción de la historia, te la pasás insistiendo sobre los argentinismos. Y encima, denigrás toda la literatura de un país por el uso de palabras como "nafta".
Quizás no lo sepas, pero te comento, para que tengas más ejemplos: también son argentinos un señor llamado Jorge Luis Borges, otro llamado Ernesto Sábato, otro llamado Julio Cortázar...
Reseñado por laqua
miércoles, 29 de julio de 2009 | 4:53
A propósito, menos mal que Cortázar no compartía tus conceptos lingüísticos o jamás hubiera escrito sobre los cronopios.
También son argentinos César Aria, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Silvina Bullrich, Manuel Mujica Láinez...
Oh, perdón... quizás no sepas de quiénes estoy hablando... una lástima. El Aleph está considerado un clásico mundial. Y a Sábato lo condecoraron en tu país.
Y sí, leí el libro de Martínez y me encantó. Pequeño detalle, la novela está ambientada en Oxford, pero el protagonista es un argentino que acaba de llegar. O sea... tiempo material como para "britanizarse" no tuvo. ¿O debería haber pasado un tiempo "españolizándose" antes de ir a Oxford?
Lástima que Roa Bastos se murió antes de leer tu opinión. Yo El Supremo debería ser depurado de sus "paraguayismos" para que vos puedas leerlo. ¡Oh, no, sigue siendo uno de los clásicos de la literatura latinoamericana a pesar de eso!
Reseñado por laqua
miércoles, 29 de julio de 2009 | 4:59
Último comentario y termino, (Es que amo las causas perdidas, no puedo dejar de pelearlas).
Guillermo Martínez es Doctor en Matemáticas. No creo que necesite la wikipedia para perfilar a un matemático. Digo, bah... seguro conoce gente en la cual inspirarse. No sé en España, pero acá llegar a ese grado académico implica años de estudios, investigaciones originales y mucho trato con colegas. Algún otro matemático debe conocer...
¿Sabés cómo solucionaría yo tu problema? No comprés más libros de autores argentinos. Ni uno más. No desperdicies tus preciosos euros. Por lo que posteás, no vas a extrañar la pérdida y nosotros nos vamos a ahorrar leer comentarios racistas y discriminantes por el simple hecho de usar biromes.