Editorial: Seix Barral
Colección: Biblioteca Breve
192 páginas
17,50 €
Argumento:
Cuando su amigo y vecino Manuel tiene un accidente que le deja en coma, el matrimonio formado por Laura y Julio comienza a derrumbarse. Tras la separación Julio se va a vivir a la casa de Manuel e intenta rehacer su vida.
Comentario:
Cuando se han leído varias novelas del autor, sobre todo las últimas, los acontecimientos extraños y surrealistas lejos de sorprender llegan a aburrir.
En esta novela, el autor explora la ya conocida identificación de la casa con quien la habita. Para ello hace que el protagonista trabaje fabricando decorados para películas, que vea el piso del vecino como gemelo opuesto del suyo o que reflexiones sobre el hogar como útero.
En los pasajes sobre la creación del decorado se cuenta también el argumento de la película. Una cajera de supermercado a la que una anciana da sus llaves por si le pasa algo, además de instrucciones de quedarse con lo que le apetezca antes de llamar a la policía. Y pasa lo que pasa, claro.
Cuando Julio, abandonado por una Laura embarazada, toma posesión del piso de Manuel, el autor se dedica a hacer comparaciones entre ambas casas, crear imágenes especulares sin mayor profundidad que el ingenio que pueda tener la idea, y a disfrazar al protagonista con la ropa del amigo, sin interesarse por su forma de vida o la personalidad que se pueda deducir examinando sus posesiones hasta bastante después, momento en que se limita a leer el correo electrónico que recibe y envía con previsibles consecuencias.
Poco a poco, tanto Laura (nombre recurrente para el autor) como Manuel pasan a ser personajes secundarios en la vida de Julio, que se erige como protagonista y principal afectado por todo lo que sucede, adoptando un tono a la vez victimista y egocéntrico.
Entre las subtramas, se encuentra la visita a la familia del protagonista, con un progenitor casado por segunda vez, y la amistad de Julio con la hija y la nieta de esta mujer.
En la relación de Julio y la niña, el autor vuelve a algunos de sus temas recurrentes, siendo evidente la relación entre los relatos que le cuenta sobre sombras partidas por la mitad que tienden a juntarse y los zapatos de "No mires debajo de la cama".
Tampoco se evita la alusión a prótesis, en este caso emocionales, referidas a las carencias afectivas de las personas y cómo encuentran la forma de suplirlas. O la ropa que parece un ser vivo de que habla también con la niña mientras se dedica, cómo no, a limpiar y ordenar a casa de madre e hija.
En la línea de otras obras del autor, el final es surrealista y absurdo, nada creíble en la vida real y poco más en el contexto de la historia que se narra.
Leyendo esta novela da la impresión de que es más de lo mismo, de que ya se ha leído todo lo que cuenta en las obras anteriores del autor, de que apenas profundiza en las situaciones, limitándose a descripciones físicas de objetos o supuestos cambios de identidad consistentes en ponerse la ropa del otro, quedándose en la superficie de todos los planteamientos.
*** T ***
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