Editorial: Planeta
Colección: Autores españoles e iberoamericanos
510 páginas
21,50 €
Argumento:
Cecilia está en crisis por la pérdida de su madre seis meses antes cuando una amiga de siempre le pide que visite de vez en cuando a su abuelo Silvio mientras su familia está en Estados Unidos. Cecilia accede y Silvio le cuenta su vida.
Comentario:
La novela, que parece pretender hablar de la esperanza tras la tragedia, de superar el dolor y poner cada cosa en su lugar, tiene sus mejores pasajes en los recuerdos que la protagonista desgrana sobre su madre, la vida juntas, la enfermedad y las consecuencias de la pérdida, esa sensación de haber sido estafada, pensar en lo que pudo haber sido si un médico no hubiera equivocado el diagnóstico etc.
Sin embargo, poco a poco, los relatos de Cecilia (la autora) destinados a mostrar que evoluciona, aprende de lo sucedido, acepta la realidad y es capaz de vivir con ella, van perdiendo naturalidad y adquieren un tono casi de libro de autoayuda en que la protagonista no solo se pone discursiva, sino que da como ciertas cosas que no puede saber.
Un ejemplo es la relación que mantiene con un vecino, Publio, que aparece un momento para dar la lección correspondiente. Cecilia relata una noche que se emborracharon y comenzaron a hacerse confidencias, sugiriendo que hubiera podido pasar algo de no ser él homosexual para luego salir con la confesión del hombre, que afirma ser pederasta inactivo, que sigue un tratamiento, evita a los niños (vive en un edificio en que no los hay) y nunca ha “ejercido”, todo ello para rechazarlo y, tras hablarlo con la madre, cambiar de opinión.
Lo “malo” es que la autora escribe la novela en primera persona, por lo que la declaración de Publio y la confianza casi ciega de Cecilia no se puede tomar como verdad incuestionable. Él puede haber mentido y ella no tendría modo de saberlo…
Algo parecido ocurre cuando Cecilia comenta a Silvio las circunstancias de la enfermedad de su madre y el anciano decide que ciertos hechos fueron parte de un sacrificio de la mujer por su familia, para que vivieran un tiempo de felicidad, otra de esas aseveraciones que nadie puede saber sin interrogar a la fallecida, y menos el anciano, que ni llegó a conocerla.
También resulta rebuscada la forma en que Cecilia llega a visitar a Silvio, encajando una serie de circunstancias: ella es amiga de la nieta, toda la familia se va a USA para cuidar a un enfermo, etc… que hubiera podido resolverse de forma más sencilla y creíble, sin darle tantas vueltas y explicaciones.
Las visitas a Silvio, que le recuerda a
Gregory Peck en “Gringo Viejo”, 1979 (quien tuvo una hija de su segundo matrimonio llamada precisamente Cecilia), se suceden mientras ambos personajes se toman mutuo cariño y la protagonista trata de ganarse, con “estrategias” tipo interés por la familia, a la mujer sudamericana que cuida del anciano.
Tras la presentación se va alternando el relato de Cecilia en primera persona, siempre recordando a su madre y tratando de crear un misterio hasta de haber dejado a un tal Miguel, novio de varios años, con el de Silvio. Aunque al principio parecen tener “voces” diferentes (él utiliza palabras más cultas) pronto se nota la de la autora, pues ambos protagonistas emplean en abundancia el “pobre” al referirse a otros personajes, algo que (quizá es apreciación personal) da cierto tono de superioridad de algún tipo a los dos personajes.
La historia de Silvio comienza con el relato de su infancia y la amistad con un niño negro adoptado por un misterioso inglés que vive temporalmente en su pueblo y continúa durante décadas hasta pasar por el nazismo y algunos años posteriores.
Lo más destacable de esta parte es la descripción de la envidia que siente un Silvio de ocho años ante el nacimiento de su hermano, descrita con una credibilidad que se pierde al contar la amistad el niño con su nuevo amigo, limitada a contar como aprendían cada uno el idioma del otro y afirmar que son como hermanos, sin mostrar los motivos de tal relación (conversaciones sobre sus respectivas familias, el recién nacido, confidencias en fin), optando por soltar parrafadas superficiales acera del lugar y del británico viajero en un intento de dar misterio al personaje, por fácil que sea deducir a qué se dedica.
La autora trata de dotar a la historia de Silvio de un misterio del que carece dado el conocimiento general que tiene cualquiera de la época, por lo que ni la intriga que siente Cecilia porque el anciano no ha contado a su familia su faceta como escritor, que decide investigar, ni las posteriores aventuras de este durante la guerra sorprenden, perjudicadas además por las frases premonitorias que suelta el personaje destinadas en apariencia a intrigar y “enganchar” con la trama, que lo más que consiguen es que se especule, y deduzca, lo que va a pasar. Así, la supuesta intriga en torno a los sinsabores románticos del protagonista y su amigo resulta muchas veces ingenua.
Lo más interesante, y en lo que la autora destaca, es al contar, como he mencionado al principio, la relación de Cecilia y su madre, el sentimiento de pérdida, poner cada recuerdo en su lugar, el intento de superar la tristeza y continuar con su vida.
La entrega del planeta, con el ganador y la finalista
“En Tiempo de Prodigios” ha sido finalista del premio Planeta 2006.
Errata: en la página 77 pone obligado en lugar del adecuado obligada
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