Editorial. Destino
Colección: Áncora y Delfín número 1063
442 páginas
19,50 €
Argumento:
Una mujer aparece troceada en un matadero de cerdos al estilo que se utiliza para sacrificar a estos animales.
Al mismo tiempo, el Comisario Principal José María Pujol, a punto de jubilarse, muestra interés por un caso que no es suyo y T (Tomás) intenta abrirse paso en EE.UU. antes de regresar y hacerse cargo del suceso.
Comentario:
Quien disfrutase con la primera e inesperadamente exitosa
"Lo mejor que le puede pasar a un cruasán", estaba pendiente de la publicación de esta segunda obra bastante diferente.
En esta novela ha dejado de lado el humor irónico y poco convencional de la anterior para intentar, al parecer, dar una interpretación del cuadro de
El Bosco llamado
"El jardín de las Delicias", que aparece tanto como objeto de pasión y verborrea de uno de los personajes como en la forma de dividir el libro entre el paraíso (T. En USA), el mundo (Pujol intentando reinventarse) y el infierno (T, o P, investigando el caso en San Juan de Horlá, lugar que le supone cierta revelación).
Tan radical cambio de género, temática y forma de narrar puede ser un signo de valentía del autor, que no ha optado por el camino fácil de escribir una secuela de su éxito o, peor aún, una nueva versión.
La historia comienza con una introducción de casi treinta páginas en que, con tono informativo y algo distante, evitando el gore deliberado aunque rozándolo, se relata, paso a paso, el camino que recorren los cerdos hasta el momento de ser despiezados para su consumo, adelantando que ese mismo recorrido lo ha hecho la mujer que ha aparecido en el matadero del pueblo.
Después el autor se lanza a relatar de forma alterna las peripecias de dos personajes, el Comisario Principal Pujol, que tras estar presente en la introducción vuelve a sus tareas rutinarias y se dedica a modernizarse (cambios de ropa y estilismo, compra compulsiva de CDs) e interesarse por la resolución del caso, pero sin prisa.
Al tiempo T, policía y candidato a becario, se pasea por EE.UU. conoce a una joven que le recuerda a la madonna de un cuadro de Giovanni Bellini, lo que, claro, le hace "enamorarse" de ella entre paseos por la ciudad, charlas en inglés que no se traducen, ya sea porque no son trascendentales para comprender la novela o porque se presupone (acertadamente o no) que cualquier lector/a tiene una cultura tan vasta que no es necesario.
En cualquier caso, y aunque yo he entendido las conversaciones en inglés (las frases en francés algo menos), los capítulos de T tienden a hacerse eternos y aburridos, quizá porque resulta difícil comprender su finalidad, a no ser que el autor pretenda camuflar algunas
"sutiles" referencias al personaje entre tantas palabras.
Tusset utiliza el recurso de referirse a películas conocidas (en la página 218 cuenta el misterio de "Los Otros", por ejemplo, y al final pone a uno de sus personajes en una situación similar a la de Norton y Pitt en "El Club de la Lucha") para reforzar el argumento.
También aborda breve y superficialmente la crítica literaria, se diría que a una novela concreta, por medio de Quique Aribau (escritor con seudónimo que hasta puede ser un alter ego, ejem, que para eso se dice que El Bosco aparece en su tríptico) en una conversación con Pujol acerca de la fórmula del éxito:
"No se crea... Bastaría una novela que demostrara que Jesucristo era negro, gay y extraterrestre, y sobre todo que la Iglesia ha tratado de ocultarnos esta meridiana verdad pactando con Atila y los nazis..."
El humor está presente en las charlas que mantiene Pujol con el joven homosexual que le vende los CDs con los que quiere adentrarse en la actualidad. Aunque las conversaciones tienen cierto ingenio da la sensación tanto de forzado, con frases algo tópicas, como artificial y poco creíble.
Como ya he mencionado, los capítulos de T en EE.UU. se hacen largos, y los que protagoniza en el pueblo algo confusos, quizá porque no se acaba de entender la finalidad, siendo los compartidos por Pujol y su esposa Mercedes, aún repitiendo tópicos respecto a las parejas que llevan mucho tiempo de matrimonio, los más ingeniosos, enternecedores e interesantes, y quizá lo que impulsa a continuar una lectura frustrante.
Porque el autor no retoma el caso del comienzo (y hace innecesariamente morbosa la terrible escena en el matadero) , porque no se resuelve, porque el final es tan surrealista y carente de credibilidad como el de su anterior novela, siendo lo único que tienen en común.
Quizá quienes admiraron al Tusset de "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán" prefieran no leer esta segunda novela del autor.
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