Editorial: Nuevas letras de bolsillo
Colección: Best Sellrer, 146; Biblioteca Dean Koontz, 22.
Traducción: Isabel Merino
480 páginas
8,95 €
Argumento:
Un tipo extraño inyecta lo que llama una "sustancia" a los hermanos Dylan y Shepherd O'Conner y a Jilly Jackson. Al cabo de unas horas notan algunos cambios.
Comentario:
Es difícil creer que un argumento tan sencillo y esquemático necesite más de cien páginas para arrancar, que llegue casi a las trescientas antes de que pase algo y que utilice más de cuatrocientas para relatar una historia tan simple, manida y aburrida.
El autor, por algún motivo desconocido, decide relatar pormenorizadamente casi cada movimiento de sus protagonistas, aunque eso le lleve docenas de páginas vacías de contenido e interés.
Al comienzo ocupa varios capítulos a profundizar en la relación que mantiene Jilly con Fred... una planta verde jade con quien habla, a la que le cuenta sus cosas y que es, en definitiva, su confidente. Y todo esto para que, una vez reunidos los protagonistas e iniciado su huída (¡para lo que sólo consume ciento cincuenta páginas!), Fred vaya siendo olvidado poco a poco hasta casi desaparecer.
La mayoría de autores escriben siempre el mismo libro, o muy similar, recurriendo a sus temas preferidos, que en el caso de Koontz pasan por el mencionado pasado trágico, la lucha por sobrevivir y un optimismo irracional que ayuda a los personajes a sobreponerse a lo que sea y llegar a un final feliz, utilizando un esquema similar.
Se presenta a dos hermanos (quizá amigos íntimos), a ser posible huérfanos, uno de ellos con algún tipo de diferencia (en este caso autismo, que incluye la facilidad de hacer puzzles de muchas piezas, de encadenar sinónimos etc... en escenas larguísimas), que los hace sentir aún más unidos.
Al poco de comenzar la historia conocen a una joven simpática y con un pasado tan trágico como el suyo y todos juntos son víctimas de algún loco o asociación perversa que les persigue.
Además, Koontz incluye abundantes diálogos, que en "Visiones" sólo son supuestamente ingeniosos y que eliminan el factor tensión por el simple hecho de que los protagonistas, tras ser inoculados, ver estallar el coche de Jilly con su torturador dentro y varios vehículos sospechosos que presumiblemente les buscan a ellos... se tiran más de cien páginas en un tira y afloja sobre la conveniencia o no de viajar juntos, la forma de hacerlo o metiendo y sacando equipajes del coche.
Por si no fuera bastante con esto, una vez en marcha el autor se sigue recreando en el relato de detalles nimios a los que saca punta hasta agotarlos, y reduce apenas su verborrea al definir las nuevas características que desarrollan los protagonistas, incluyendo una "sorpresa" que se revela en la contraportada, aunque en la novela tarda casi trescientas páginas en comentarse.
Como consecuencia de estos cambios, los jóvenes se ven impelidos a ayudar al prójimo prácticamente sin poder evitarlo, escenas que aprovecha el autor para seguir explicando las cosas de la forma más larga, aburrida y carente de tensión que puede.
También se incluye alguna sorpresa más que pondría a prueba la credulidad lectora si aún se mantuviera, y se lanza a una traca final con más y más "sorpresas", y un desenlace tan poco creíble como el resto del argumento, que deja un final abierto a una continuación, quizá a una saga.
Aunque hay algunos pasajes de interés, como el monólogo de Jilly con Fred (pese a ser demasiado largo) o el viaje al pasado de los O'Conner, es inevitable pensar que el autor consume mucho espacio para contar demasiado poco y que lo hace con mucho menos ingenio de lo que le era habitual.
Se echa de menos al Koontz ingenioso y ocurrente de los primeros tiempos, novelas como "Relámpagos", "Susurros" o "Fuego frío", escritas en los ochenta y primeros noventa, que conseguía emocionar con argumentos interesantes.
Quizá la mejor novela de la última etapa sea "Mirada ciega".