The Historian (2005)
Editorial: Umbriel
Traducción: Eduardo G. Murillo
Género: Histórica, aventura, misterio, terror
698 páginas
19,25 €
Argumento:
Una joven descubre entre los papeles de su padre el relato de una historia que comienza con la desaparición del mentor de Paul, el profesor Rossi, y llega a la investigación de los orígenes de Vlad Tepes, el hombre que dio pie a la leyenda sobre Drácula.
Comentario:
La novela narra la búsqueda de la tumba de Drácula utilizando un estilo similar al de la novela “Drácula” de Bram Stoker”. Mucha primera persona, cartas, relatos...
La autora empieza el relato con una mujer de la que nunca se dice el nombre (lo mismo está imitando a la “Rebecca” de Daphne Du Maurier”), quien comienza a contar la historia de su padre y la obsesión de este por el famoso vampiro.
Mediante capítulos mayoritariamente cortos, la trama avanza lentamente, con inclusión de pormenorizadas descripciones de lugares y relatos de viajes que intentan servir como escollo entre una y otra revelación, aunque en lugar de mantener el interés y la tensión lo que consigue es que se evite leer un montón de párrafos que no aportan nada al argumento.
En este afán de crear expectativa, la autora utiliza lo primero que se le ocurre, como la excusa de Paul acerca de lo mucho que le cuesta relatar los hechos para posponerlos una y otra vez cuando está a punto de hacerse alguna “revelación apasionante”.
Debido a la mencionada y continua utilización de la primera persona, el texto resulta a veces confuso, ya que la autora, en lugar de la estructura habitual de dedicar un capitulo a cada parte de la trama, mezcla caprichosamente a los narradores con la citada intención de crear emoción, aunque lo único que crea es caos y confusión en este viaje paralelo que emprenden por un lado Paul y Helen en el pasado y la muchacha sin nombre y un tal Stephen Barley, que se une a ella en medio de la trama en una supuesta actualidad que también ocurrió tiempo atrás.
Asimismo, la autora abarrota el texto de información sobre Vlad Tepes, su origen, las especulaciones sobre sus viajes, crímenes y lugar de entierro, en bloques muchas veces eternos, confusos o metidos de cualquier manera en conversaciones poco naturales, forzadas para poder meter como sea todo lo que ha descubierto, restando mucho del posible interés que pueda tener dicha investigación.
El supuesto misterio apenas es tal, y el que varias personas hayan recibido ejemplares del mismo libro con un dragón xilografiado en el interior (por lo visto drácula significa hijo del dragón) es utilizado por la autora para que estos personajes relaten a los protagonistas sus vivencias e investigaciones ya hechas, con lo que se ahorra encontrar una forma ingeniosa de mostrar los avances: todo son relatos pasados, contados con la misma monotonía, tono rutinario, carente de emoción y repetitivo.
Escenas como la de Paul buscando en la biblioteca la novela de Stoker que ha sacado Helen, y las vueltas que se da a la desaparición del ejemplar y las referencias al autor, así como la urgencia por hacerse con la obra o las descripciones de tipos pálidos (un bibliotecario...) y con dientes salientes, llegan a ser ridículas: ¿no pueden comprar el libro? ¿no lo han leído para saber lo que significan los colmillos hiperdesarrollados?
Leyendo la novela, se nota demasiado que es la primera obra de ficción de la autora, quien ha caído en el error de creer que el relato en primera persona (a imitación de Stoker) es la forma más fácil de contar una historia. Sin embargo, en este caso resulta poco creíble, con un tono discursivo y diálogos poco naturales al servicio de un exceso de información que empieza despertando curiosidad, continúa abrumando y concluye aburriendo.
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