Editorial: Alianza editorial
Biblioteca Benedetti, 79
88 páginas
6 €
Argumento:
Pedro es un preso político a quien el capitán intenta sacar información en cuatro sesiones de conversaciones que se producen tras otras tantas de tortura.
Comentario:
Obra teatral dividida en cuatro partes que apenas ocupan setenta páginas.
La primera de estas partes es en realidad un monólogo del capitán en que va de “poli bueno”, en contraste con los “polis malos” que acaban de torturar a Pedro.
Se muestra comprensivo, incluso dice que es normal que no quiera hablar (incluso le habla de su familia para que vea cuánto sabe de él), que debe hacerse el fuerte esa primera vez, pero que tarde o temprano se rendirá y sólo él debe decidir hasta qué punto aguantar el sufrimiento, porque siempre se acaba confesando.
Da la impresión, como más tarde le dice el propio preso, de que más que convencerle a él de que hable, intenta convencerse a sí mismo de que no es un torturador, que eso lo son los otros, los que utilizan la violencia.
En la segunda parte Pedro accede a hablar con su torturador:
“Quiero aclararle que el hecho de que usted no participe directamente en mi tortura, no garantiza que no le odie, ni siquiera que lo odie menos.”
Aún le sorprende más poco después:
Capitán:
“De todas maneras, te aconsejo que no me provoques, soy de pocas pulgas, ¿sabes?
Pedro:
“Lo sé. Quizá yo sepa más de usted que usted de mi.”
Capitán (con ironía):
¡No me digas!
Pedro:
Sí le digo. En su afán de extraerme lo que sé y lo que no sé, usted no advierte que se va postrando tal cual es.
A partir de ese momento las cosas cambian entre ellos y el capitán que pretendía hacer hablar a Pedro es quien habla de sí mismo, de cómo se ve y cómo le percibe su familia.
En el tercer acto un Pedro cada vez más destrozado parece haber traspasado alguna barrera que le pusiera por encima de cualquier tortura.
Pedro:
“... Estoy muerto. No sabe qué tranquilidad me vino cuando supe que estaba muerto. Por eso ahora no me importa que me apliquen electricidad... No me importa porque estoy muerto y eso da una gran serenidad, y hasta una gran alegría. ¿No ve que estoy contento?”
Aquí el capitán comienza a hablar a Pedro de usted y él le habla de tú. Ya no está tan seguro de que Pedro vaya a delatar a sus amigos... y necesita desesperadamente que lo haga, por sí mismo.
La última parte muestra a un Pedro torturado casi hasta el límite y a un capitán casi horrorizado con el que comienza una conversación de toques surrealistas en que no se sabe (por indicación del autor) si Pedro delira o lo simula, incluyendo una conmovedora “carta” a su familia a cuyos efectos intenta resistirse el torturador.
El capitán llega a suplicar:
“ Si usted muere sin nombrar un solo dato, para mí es la derrota total, la vergüenza total. Si en cambio dice algo, habrá también algo que me justifique. Ya mi crueldad no será gratuita, puesto que cumple su objetivo. Es sólo eso lo que le pido, lo que le suplico...”
Aunque pueda parecer que todo lo que se dicen y descubren podría estar más que sabido (la obra es de 1979), todavía impresiona.
Al comienzo de la obra hay un comentario del autor, y aunque no revela demasiado de lo que se relata después, yo prefiero leerlo tras haber terminado la lectura.
Mario Benedetti
Novela:
- Quién de nosotros (1953)
- La tregua (1960)
- Gracias por el fuego (1965)
- El cumpleaños de Juan Ángel (1971)
- Primavera con una esquina rota (1982)
- La borra del café (1992)
- Andamios (1997)
Teatro:
- El reportaje (1958)
- Ida y vuelta (1963)
- Dos comedias (1968)
- Pedro y el capitán (1979)
Según comenta Benedetti en el prólogo, esta obra es:
«Una indagación dramática en la psicología de un torturador» a la que una objetividad rigurosa aleja del maniqueísmo. «Esta pieza dramática no escenifica el enfrentamiento de un monstruo y un santo [...]. La distancia entre uno y otro es, sobre todo, ideológica; y es quizá ahí donde reside la clave de otras diferencias, que abarcan la moral, el ánimo, la sensibilidad ante el dolor humano, el complejo trayecto que media entre el coraje y la cobardía, la poca o mucha capacidad de sacrificio, la brecha entre traición y libertad.»