Compré el libro porque el título y la sinopsis de la solapa lo vislumbraban prometedor, pero, craso error de apreciación. Es una novela que no apasiona, no atrapa y la terminé de leer por tener la idea completa de la misma para poder hacer una crítica reflexiva sobre ella, ya que desde el principio me fue evidente el manejo poco objetivo y profesional de un tema que de por sí es complejo y delicado. Para empezar, Daniel no es un libro profético del A.T. En consecuencia, es equivocado afirmar que es el profeta más importante de Israel como asegura Tim. En Israel el profeta por excelencia fue Elías y ni siquiera dejo nada por escrito. Daniel no fue un personaje histórico, fue escrito en el siglo II AC y su libro está catalogado en el canon palestinense en el grupo de los KETUBIM, al cual pertenecen los poemas, los sapienciales y las narraciones ejemplarizantes, siendo esta última el caso de Daniel.
Su género, que es el apocalíptico, tan mal interpretado como profético, consiste en usar lenguaje cifrado, ya que este tipo de literatura se gesta en épocas de persecución religiosa, donde los devotos requieren de clandestinidad para reunirse y comunicarse. En fin, Tim LaHaye no solo raya en la interpretación fundamentalista del texto, sino también que abusa de manera clara de una ciencia como la arqueología bíblica, que se apoya en los libros bíblicos pero con el método científico y el auxilio de ciencias como la literatura, la historia, la hermenéutica, etc, para tener claro que tiene realmente un transfondo histórico y que no, sin caer como lo hace Tim, en intentar comprobar que todo lo escrito en la Biblia es histórico. Una trama del enfrentamiento eterno entre el bien y el mal, es manejada de una manera muy obvia, lo que le hace aburrido y para finalizar, lo hace no apto para recomendarlo a otros por la comprensión tan sectaria de la fe cristiana.