El Señor de los Anillos
J. R. R. Tolkien
Minotauro
1368 páginas
Género: fantasía heroica.
Argumento
El anillo de Poder forjado por el perverso Sauron ha caído por azar en manos de un hobbit llamado Frodo Bolsón. Pero Sauron resurge desde su reino de Mordor y no piensa en otra cosa que en hacerse de nuevo con su anillo para dominar a todas las razas de la Tierra Media. Frodo deberá abandonar su cómoda y despreocupada vida y lanzarse a una aventura llena de magia y peligros, en la cual le acompañarán el montaraz Trancos, el mago Gandalf, su fiel criado Sam, etc...
Comentario
Aunque no fue el primero (Lord Dunsany puede considerarse uno de los precedentes) en explotar el género de la fantasía heroica, Tolkien fue el que lo hizo mejor. El libro surgió como segunda parte de "El Hobbit", novelita infantil que había escrito como cuento para sus hijos. Es más extenso y complejo, más oscuro, tanto que no se podría considerar infantil en modo alguno.
Si algo tiene de sobra esta novela es magia, y no por que aparezcan en ella magos y sucesos sobrenaturales. Me refiero a la magia literaria, la que emana de la prosa y de las situaciones. El mérito de ESDLA no está en el argumento, sino en la creación de todo un mundo de fantasía, un reino fabuloso, cortado según el patrón de las viejas sagas, de los cuentos de hadas. Los imitadores de Tolkien ha repetido sus argumentos y personajes sin lograr el éxito, creando multitud de series de "espada y brujería" que en líneas generales fracasan en su calidad literaria y en la sensación maravillosa.
En este libro, muy muy extenso, tiene cabida toda una epopeya, quizás algo maniquea en ocasiones (los buenos buenísimos, los malos superperversos) que precisamente por esa simpleza de pensamiento, cala profundamente en el lector. Lo más notable es, sin duda, el otorgar categoría de héroes a seres comunes, no a aventureros profesionales, ni a superguerreros. Frodo, los hobbits en general, son criaturas que representan la idea bucólica y pequeñoburguesa de la vieja Inglaterra rural, que le era tan cara a Tolkien. Viven como en una Arcadia feliz, aislados del mundo, cuyos problemas no les importan, fumando y comiendo alegremente. Contrapuesto a esto, está Saruman, el mago corrompido por el poder, que es el adalid del "progreso" y la industrialización (su guarida, Isengard, está plagada de máquinas, practica la clonación, deforesta bosques, etc...). Tolkien vuelca su odio hacia el progreso en este personaje en cierto modo prometéico.
A pesar de las apariencias, este es un libro muy "ideológico". Abundan las referencias racistas (la raza de Aragorn es superior puesto que no se ha mezclado con otras, los orcos es una raza intrinsecamente malvada, los sureños y los de este son malos, los de oeste y el norte, los buenos, etc), aunque esto hay que tomarlo con cierto cuidado, ya que el mundo que plantea Tolkien no es el nuestro, sino mundo arcaico y preindustrial donde los valores principales son la sangre, el honor, el valor en la batalla, etc. Sin olvidarse de los viejos y buenos valores como la amistad a prueba de bombas y el espíritu de sacrificio. La relación entre Frodo y Sam, señor y criado, fluctua entre ese concepto de la amistad y el de la servidumbre. Es también muy burgués el señor Frodo, ese hobbit-inglés-pequeño propietario rural que se lanza a la aventura para conservar sus comodidades y las de sus congéneres.
Uno de los personajes más interesantes es Gollum, que fue hobbit y se degradó física y espiritualmente por el ansia de posesión del anillo, que se convirtió además en su única razón de vivir. Una metáfora de la avaricia, muy cristiana, como algunas otras del libro.
Tolkien sin embargo, no es complaciente. Plantea un final feliz, sí, pero no para algunos personajes principales, que marcados por la muerte deberán abandonar el mundo de los vivos.
Entre los errores de la novela, desde el punto de vista literario, yo destacaría la dispersión de antagonistas (dos) que se roban protagonismo mutuamente; una estructura un poco caótica en su parte central; el maniqueismo; algunas descripciones demasiado prolijas que llenan varias páginas; exceso de nombres enrevesados que son muy difíciles de recordar... De las tres partes que lo componen, la segunda es la más aburrida y lenta.
No obstante, es una lectura importante, un icono cultural del siglo XX, que no se puede dejar de leer, y que es mucho mejor que las versiones cinematográficas que se han hecho, donde se potencia el espectáculo sobre la sensación de maravilla.