El Código Da Vinci
Dan Brown
Umbriel
560 páginas
Género: best seller chapucero de misterios.
Argumento
El conservador del Museo del Louvre es asesinado por un albino. Dado que aparecen ciertos indicios relativos a antiguas religios y mitos, la policía contacta con Langdon, un experto en simbolismo, para que les ayude a resolver el caso. Poco a poco se va descubriendo que la víctima escondía más de un secreto...
Comentario
Best seller infantil que hace buenos a otros de su género como (“El último Catón”, por ejemplo; ahora me doy cuenta de lo injusta que fui con este libro), cuya mayor virtud es que se lee fácil y rápidamente. Es un puro producto de consumo, pseudoescandaloso en la temática pero políticamente correcto en las formas y el contenido. Su lectura no implica el uso excesivo del raciocinio. Creo que la razón de su éxito está en el hecho de que está tan mascado, explicado, en que es tan facilón, que no hace pensar. Según lo lees te deslizas por entre las frases guiada por los protagonistas, que son los que ¿piensan? por ti.
Lo peor no es el tema (demasiado conocido para resultar interesante), ni siquiera la “sencilla” (qué buena soy), y en ocasiones chapucera, forma narrativa (es un best seller, no se pueden pedir peras al olmo) sino la desfachatez de Dan Brown al permitirse el lujo no sólo de ocultar deliberadamente información importante al lector para crear y mantener la intriga (ya lo explicaré con más detalle) y en cambio, darle lecciones “culturales” a veces de relleno, y que ni siquiera son profundas y contrastadas. Una táctica de distracción que no engaña al lector avezado. Por no hablar de los errores históricos flagrantes.
Está claro que fue concebido para ser llevado al cine. Hay escenas muy hollywoodenses, demasiado vistas ya en las películas como para que sorprendan. Una de las más previsibles es la que narra la huida de Sophie y Langdon del Louvre. Cuesta creer que los policías pudieran ser tan estúpidos. Mientras lo leía pensaba “seguro que tiraron el GPS al camión y ellos están escondidos en otra parte”. Demasiado burdo incluso para un best seller. Y la escapada de ellos del Museo, uf. ¿Qué pasa, que sólo había un guardia o qué?
También hay diversas contradicciones en los personajes. Langdon es un experto en simbología del arte (y en Leonardo), y, sin embargo, cuando ve el cadáver de Sauniere, desnudo, con los brazos en cruz, formando el hombre vitruviano, no lo reconoce hasta pasados varios minutos de “reflexión” y después de que le digan que hay un círculo alrededor. Vaya experto. Eso lo veo hasta yo. ¿Quién no conoce la imagen del hombre Vitrubiano? Lo mismo pasa con la serie de Fibonacci, que aunque tenga sus elementos desordenados, para un experto no creo que pasara desapercibida, teniendo en cuenta que es una de las series matemáticas más famosas. Y lo más risible de todo: un texto que se ve a la legua que está escrito al revés (Leonardo lo hacía, así que Langdon lo sabe) suscita una página y media de reflexiones eruditas:
Dedicándole todas sus energías, Langdon estudió los extraños caracteres [aquí el texto escrito al revés]
Tras unos segundos volvió a sentirse invadido por la misma frustración inicial.
-Leigh, no consigo identificarlo.
(...)
-No lo sé -susurró Langdon con énfasis-. Mi primera impresión ha sido que se trataba de una lengua semítica, pero ahora ya no estoy tan seguro. La mayoría de las lenguas de raíz semita recurren a signo diacríticos llamados nikkudim. Y ésta no los tienes.
-Seguramente será antigua -aventuró Teabing.
Desde luego, qué lumbreras. Todas las personas que han leído el libro (ninguna de ellas experta en criptología ni en lenguas semíticas) y a las cuales se lo comenté, tuvieron como “primera impresión” que era un texto al revés.
Las descripciones de París y sus monumentos son como copia-pega de folletos turísticos, pero sin la poesía publicitaria que los acompaña. Y los comentarios y “filosofía” del protagonista sobre Francia y sus habitantes dan risa, cuando no sonrojo, y también los de otros protagonistas. No porque sean chocantes, sino porque son auténticas perogrulladas.
Algunas perlas: (hablando sobre un ascensor) “¡Es una cajita de metal que se mueve por un canal cerrado!” (pág. 36)
(Sobre el diablo y el pentáculo) “Señor Langdon -dijo Fache, de pronto-. El pentáculo tiene que estar también relacionado con el diablo. En sus películas de terror americanas siempre lo dejan muy claro”. Ya se ve que la autoridad en materia simbólica de las películas de terror americanas es superior a la del experto.
(Sobre Francia y la Torre Eiffel) “Los simbolistas solían comentar que Francia -un país conocido por sus machistas, sus mujeriegos y sus líderes bajitos y con complejo de inferioridad como Napoleón o Pipino el Breve- no podía haber escogido mejor emblema nacional que un falo de trescientos metros de altura” Mira por donde nos enteramos de que esta fue la auténtica razón de la erección, jua, de la torre. Un país conocido por sus machistas... En fin.
“Contempló a aquella joven que tenía delante. No ignoraba que en Francia los señores de edad tenían con frecuencia amantes jóvenes. Con todo, la imagen de Sophie Neveu no encajaba con la de una ‘mantenida’” Esta frase se comenta por sí sola. Francia no sólo es el paraíso de los machistas y mujeriegos sino también la reserva espiritual de los viejos con amantes jóvenes (cosa que sorprende tanto a Langdon que nos hace pensar que en USA esto no sucede en absoluto). Por otra parte, ya se ve que Langdon aplica su gran erudición como simbolista a la vida real, pues es capaz de distinguir a una mantenida de la que no lo es sólo por la cara, jeje.
(sobre el Tarot) “Originalmente, el Tarot había surgido como un medio para transmitir ideas prohibidas por la Iglesia. En la actualidad, sus características místicas las transmitían las modernas echadoras de cartas” Gracias señor Brown por informarnos de algo que nadie sabe: ¡las brujas echan el tarot hoy en día!
(p 325) “Yo sólo puedo decirle lo que yo sé”. Hombre, más vale. Porque como digas lo que no sabes o eres un mentiroso o un escritor de best sellers.
(341) “Todo hombre nacía de una mujer”. El descubrimiento del siglo largos milenios oculto por los perversos conspiradores.
(234) “Leigh Teabing era rico a la manera de los países pequeños”. Tan pequeños como Gran Bretaña. No entiendo muy bien a qué se refiere con esto, la verdad. La siguiente frase no la voy a reseñar porque imagino que es irónica. (“... había obtenido su dinero gracias a un antiguo procedimiento aún vigente que se conocía como herencia”). En los países pequeños uno se hace rico por herencia, pero en los grandes no, supongo.
(134) “-En realidad, Leonardo estaba en sintonía con el equilibrio entre lo masculino y lo femenino. Creía que el alma humana no puede iluminarse a menos que incorpore los dos elementos: el masculino y el femenino.
-Como una tía con polla, ¿no?” Profunda reflexión de un alumno que se supone universitario. Aunque la del profesor tampoco sea precisamente muy brillante.
“El interior de la Gare Saint-Lazare se parecía a cualquier otra estación de tren europea, una caverna en parte cerrada y en parte abierta habitada por los sospechosos habituales...” . En parte abierta y en parte cerrada, bueno, eso tiene su lógica, ya que si estuviera cerrada totalmente sería muy difícil que los trenes pudieran pasar, a no ser que se trate del Expreso de Hogwarts, y aun así...
(171) “Al boscoso parque, conocido como Bois de Boulogne...” Bois es bosque. De ahí que el parque sea tan boscoso, jeje.
(267) “-Pero, ¿cómo se puede mantener oculto tantos años un secreto tan importante?” Pero, ¿qué secreto, si lo sabe hasta el gato? Langdon se lo acaba de contar con pelos y señales, y encima se supone que él lo leyó en otros trabajos anteriores. Si eso es un secreto, que baje la Magdalena y lo vea. La única que no lo sabe es la estúpida de Sophie, y eso que era nieta de uno de los gerifaltes de la Orden custodia de los “secretos”.
Por cierto, atención a este diálogo de Langdon con el editor:
“-Pero si hay tantos libros publicados sobre el tema, ¿por qué no es más conocida esta teoría?
-Es imposible que estas obras compitan con siglos de historia oficial, y más cuando esa historia tiene el aval del mayor best seller de todos los tiempos.
Faukman arqueó las cejas.
-No me digas que Harry Potter va sobre el Santo Grial.
-Me refería a la Biblia”
Uf, pues sinceramente, dudo mucho de que la Biblia mencione ni una sola vez al santo Grial que es en parte una leyenda céltica (de origen pagano) que se superpuso con otra leyenda relacionada con Jesús, y que incluso tiene precedentes en otras culturas como las orientales. Tampoco habla mucho de María Magdalena, e incluso existen dudas sobre la identidad de varias Marías que aparecen en los Evangelios, si son tres o son la misma, e incluso sobre la profesión de María, que Brown alegremente califica como de “prostituta” (a mí me sonaba más de “pecadora”, “adúltera”).
A lo largo del libro se repiten con cierta frecuencia este tipo de preguntas (¿por qué nadie lo sabe?, etc). Es como si Dan Brown se diera cuenta del cúmulo de tonterías que está escribiendo y su sentido crítico se rebelara o como si quisiera anular la incredulidad del lector.
Pero volvamos a lo peor del libro: la rusticidad de la técnica literaria.
La manera de introducir documentación en el libro (ya sabemos que este tipo de best sellers se fundamenta casi en un 80 por ciento en el peso de las notas “culturales”) sigue el esquema típico. Hay una acción- aparece el elemento cultural (Serie de Fibonacci, Cuadro de Mona Lisa, etc, etc)- se da una explicación enciclopédica. En algunas ocasiones, esta explicación está resuelta con un flashback. El protagonista se recuerda a sí mismo dando clases en la Universidad ante unos alumnos que se revelan como estúpidos totales, y que le dan la réplica para que pueda lucirse, no demasiado a decir verdad, ya que en un best seller la información debe de ser “fácil y asequible para todos los públicos” para que no te llamen “pedante” o más práctico, para que la gente compre el libro. Resulta difícil de creer que Dan Brown acuda a este recurso del flashback en las clases varias veces, dando la impresión de que no se le ocurre otra manera de introducir los datos, es decir, sensación de pobreza creativa. A propósito de la serie de Fibonacci se dice: “El matemático Leonardo Fibonacci creó esta sucesión de números en el siglo XIII” No estoy muy puesta en Matemáticas, pero si estas son preexistentes al hombre, más bien debería ser “descubrió” que creo. De hecho, él “descubrió” la serie al observarla en la naturaleza, ¿no?
Casi peor es la manera de crear intriga. Dan Brown comete el grandísimo pecado de no contar al lector toda la información con el objetivo de “enganchar”. Me explico. El lector, mientras lee, no conoce las explicaciones del misterio sobre el Grial (que es María Magdalena), Leonardo, el Priorato de Sión. Pero Langdon sí lo sabe todo o casi todo sobre el misterio. Para suplir este desfase, el autor hace que el personaje no cuente lo que no interesa en cada momento. La intriga está del lado del lector no del personaje. En los recuerdos y pensamientos de los protagonistas se ocultan aquellos que no se deben revelar todavía. Así cuando Sophie recuerda su relación con su abuelo, hace referencia a que una vez lo sorprendió en su casa realizando un ritual, había gente cantando y formando en circulo en torno a... Brown remarca que era algo “horrible”, o escandaloso, pues la chica rompió con el abuelo (aunque luego descubramos que se trataba meramente de un polvo sin más: por poco se escandalizaba la chica). Ella, cuando recuerda, habla de “eso”, de vaguedades, sin nombrarlo, porque no conviene que el lector lo sepa todavía. Matilde Asensi, en el Ultimo Catón hacía conocer al lector lo mismo que conocían sus personajes. Ellos descubrían los enigmas y al tiempo el lector, a través de sus ojos. No nos ocultaba información. Esta se mostraba de manera natural según iban apareciendo nuevos datos. Los personajes no se reservaban datos para dejarlos caer más adelante y sorprender. Pero Brown dice:
“-Pero si el Grial no es un cáliz, ¿qué es?
Langdon sabía que aquella pregunta iba a llegar, pero todavía no había decidido cómo contárselo exactamente.” Pues tampoco era para tanto la cosa. No creo que a ella le fuera a dar un disgusto por saber que la Magdalena tuvo un lío con Jesús, leyenda conocida desde la Edad Media.
Un personaje que mienta es lo lógico, un autor que miente al lector es un autor mediocre.
El ejemplo más claro de engaño es el relativo a la identidad del Maestro misterioso que da las órdenes a Silas, el asesino albino del Opus Dei (juajua). Como sé que ya lo habéis leído, el Maestro es Sir Leigh Teabing, cosa que se ve venir en cuando entran en su casa. Como es tan evidente (es el máximo experto en el Grial, lleva años detrás de él, etc, etc) Dan Brown decide engañar un poco, haciendo que en sus intervenciones como Maestro, cuando habla con Remy sean totalmente frías y asépticas (diferentes de las que tiene con él en el castillo, donde se muestra más afable). Remy recuerda que:
“Hacía poco más de un año, era simplemente un mayordomo de 45 años que vivía encerrado entre las cuatro paredes del Chateau Villete, siempre a punto para satisfacer los caprichos de Sir Leigh Teabing, ese lisiado insoportable. Pero entonces le habían hecho una proposición extraordinaria. Gracias a su relación laboral con Teabing (uno de los mejores historiadores especializados en el Santo Grial) iba a poder hacer realidad todo lo que siempre había soñado. Desde entonces, todos los instantes pasados en el Chateau Villete los había vivido con la vista puesta en ese momento.”
Este párrafo hace pensar que quienes le contactan para hacer el trabajo son otras personas, no el mismo Leigh.
Para ser expertos estos tipos son bastante imprecisos; así, se llega a afirmar: “El Priorato de Sión lo fundó en Jerusalén un rey francés llamado Godofredo de Bouillon, en 1099, inmediatamente después de haber conquistado la ciudad...” Tal y como está redactado parece que Godofredo fue rey de Francia, lo cual es incorrecto. Era duque de Lorena, y posteriormente fue rey de territorios en Tierra Santa, aunque rechazó llevar corona. Su título era Defensor del Santo Sepulcro.
Sobre el supuesto escándalo:
Quien lea este libro pensando que va a encontrar diatribas contra la Iglesia se llevará una gran decepción. Para contrarrestar el efecto negativo que las teorías desarrolladas en la novela pudieran causar, y asegurarse así la aceptación de los sectores más conservadores, Dan Brown utiliza un personaje Aringarosa, que lamenta los escándalos eclesiásticos y considera que empañan la gran tarea de la Iglesia. Así, centra el peso de la maldad de la Iglesia en el Opus Dei, al que pinta como siniestra secta que incluso hace lavados de cerebro, y de la cual, al final, el propio Vaticano se deshace “porque la ve muy conservadora y anticuada” (juajua).
Siempre hay una de cal y otra de arena. En la página 138 se dice: “Nadie podía negar el enorme bien que la Iglesia moderna, hacía en el atormentado mundo actual, pero no se podía obviar su historia de falsedades y violencia. Su brutal cruzada para “reeducar” a los paganos y a los practicantes del culto a lo femenino se extendió a lo largo de tres siglos, y empleó métodos tan eficaces como horribles.”
En la 361 podemos leer: “La Biblia representa una guía fundamental para millones de personas en todo el planeta, de un modo parecido a lo que representan el Corán, la Torah y el Canon Pali para las personas de otras religiones. Si tuviéramos la ocasión de hacer públicos unos documentos que contradijeran las historias sagradas de la fe musulmana, de la judía, de la budista, de la pagana, ¿estaría bien que lo hiciéramos? ¿Deberíamos dar la voz de alarma y decirle a los budistas que tenemos pruebas de que Buda no salió de una flor de loto? ¿O de que Jesús no nació de una Virgen, en el sentido literal del término? Los que entienden de verdad sus religiones saben que estas historias son metafóricas.” Lo de la Virgen llevan los protestantes poniéndolo en duda siglos. De hecho, ellos consideran que los católicos son paganos por adoran a la Virgen casi como si fuera una diosa. Ah, Brown, ¿de verdad no has visto que la Iglesia no ha eliminado el culto a la diosa, sino que más bien lo ha incorporado a su acervo a través del catolicismo? ¿Qué son sino culto a la diosa las procesiones esas de Sevilla y de otros lugares, la devoción mariana, las apariciones de la virgen?
En cuanto al supuesto erotismo, debo de haber leído otro libro porque no lo he visto por ninguna parte. Todo se reduce a mencionar que el abuelo de Sophie practicaba un ritual llamado Hieros Gamos (Matrimonio Sagrado) con gente vestida con túnicas. Y ya está.
Sobre los personajes:
No hay mucho que decir. Son totalmente planos. No muestran apenas sentimientos ni nada. Son máquinas de contar “Historia”, “Documentación”, etc. El peor de todos es Sophie, cuyo papel es insignificante. Es meramente un nombre sin personalidad. El único que despierta alguna emoción (no mucha) en el lector es Silas, el albino del Opus, porque es un pobre diablo que termina cayendo mejor que los eruditos griálicos. Su historia, sin embargo, es tan rocambolesca que le quita credibilidad. Su escapada de la celda tras un terremoto es delirante (terremoto en Andorra), y su huida que lo lleva hasta ¡Oviedo!, bastante cutre. Por otra parte, dudo que el albinismo sea una característica muy útil en un asesino, no le facilita lo de pasar desapercibido.
La caracterización de algún personaje permite adivinar cosas. Que Leigh lleve clavos por el cuerpo y muletas ya supe yo que era por algo. Y mi intuición se corroboró cuando el Maestro entra en la Abadía de Westminster “enseñando sus credenciales”. Claro, qué mejor que alguien que lleva hierros y es conocido en ese sitio para saltarse el control de armas. Ahí lo vi claro, aunque ya lo sospechaba.
Sobre la teoría
Pues que no es más que una de tantas. Hay cientos de libros sobre el tema: no descubre absolutamente nada que no se supiera ya.
Tal y como está expuesta en el libro, adolece de ciertas incongruencias. Por un lado se dice que Magdalena es el Grial, y que el priorato nació para ocultar el secreto. Por otro, los cultos femeninos esos se remontan a épocas bastante anteriores a Magdalena e incluso anteriores a los judíos. No veo la relación ni comprendo la identificación. ¿A quién adoran los del Priorato a Magdalena o la Diosa? ¿No es acaso Magdalena una simple mujer? ¿O es que los del Priorato reconocen la divinidad de Jesús? Si adoran a la depositaria de su estirpe se supone que es porque es digna de ser adorada. En el fondo, ¿qué diferencia hay con el cristianismo, los rituales esos en los que hay sexo?
Otra cosa que me parece un poco falsa es como se pintan los rituales de la Diosa Madre y la religión relacionada con ella. La Diosa no sólo representa ese lado amable y flower power con que la pintan en el libro. Desde los inicios del hombre estuvo vinculada a la muerte, a lo misterioso e incluso a lo terrorífico. Diosas madres eran Lilith, súcubo vampiro que devoraba niños y robaba energías sexuales a los jóvenes, Hécate, Cibeles, en honor de la cual se sus sacerdotes varones se cortaban los genitales, había sacrificios humanos, de animales, etc, etc... También parece que los rituales descritos en el libro tienen que ver más con la sexualidad y el placer sexual que con la fertilidad. Lo que describen parece como el tantra yoga de los orientales. O sea, una mezcolanza de cosas que ocultan un vacío ideológico y pseudofeminista.
Para resumir, no me ha parecido un libro nada bueno desde el punto de vista literario, pero creo que incluso de un libro como este se pueden sacar cosas buenas. Además es entretenido, ágil y puede sembrar la curiosidad sobre ciertos aspectos de la Historia y el Arte. Debería leerse, pero también a Nabokov.